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Historias que inspiran: La trayectoria de Montserrat Castro

Escrito por INTECO | Mar 20, 2025 7:10:17 PM

El compromiso, la perseverancia y la excelencia son cualidades que definen a las mujeres que lideran e inspiran con su trabajo, dejando una marca imborrable en sus sectores. A lo largo de la historia, su dedicación ha sido clave para impulsar el progreso y abrir camino a nuevas generaciones. 

En este mes de marzo, continuamos destacando historias de liderazgo femenino que han transformado diversas industrias con su talento y visión. Hoy, conocemos a Montserrat Castro, presidenta del Comité Técnico Nacional de Inocuidad de Alimentos gestionado por INTECO, quien nos deja valiosas reflexiones sobre los retos que ha enfrentado, y aprendizajes que han marcado su camino. 

Conociendo a Montserrat Castro Bolaños 

Desde hace más de dos décadas, ha dedicado su vida profesional a garantizar la calidad e inocuidad de los alimentos, combinando su formación como licenciada en Tecnología de Alimentos y su maestría en Calidad e Higiene y Seguridad Alimentaria sumado a su experiencia como subgerente de Aseguramiento de Calidad en Molinos de Costa Rica.

Más allá de su trayectoria profesional, encuentra equilibrio en su fe, disfruta la lectura de la Biblia y asiste a estudios bíblicos. En su tiempo libre, se reconecta con la naturaleza a través de caminatas al aire libre. Su pasión por la cocina, especialmente la repostería, es su forma de consentir a quienes la rodean.

¿Cómo describiría su camino profesional en tres palabras y por qué? 

— Crecimiento, transformación e innovación. 

Crecimiento, porque la Montserrat que empezó hace 22 años no es la misma de hoy. He crecido profesionalmente, al igual que el sistema de gestión que construí desde cero y que he visto evolucionar a lo largo del tiempo. 

A través de mi camino profesional, también me identifico con la palabra transformación, porque sin duda he sido testigo de grandes cambios, especialmente en Molinos. Es un lugar completamente distinto al que encontré cuando llegué, y me enorgullece saber que he aportado mi granito de arena en su transformación. 

Por último, la innovación es otro pilar para mí. Me fascina crear cosas nuevas, aventurarme al cambio y estar siempre atenta a lo que viene. Esto aplica tanto en el desarrollo de productos como en los sistemas de gestión y en cada aspecto de mi trabajo.  

Esa búsqueda constante de innovación es lo que me inspira a seguir creando y a no quedarme nunca quieta. 

¿Qué decisiones y experiencias han sido clave en su desarrollo profesional?

Desde pequeña, mis papás me inculcaron la importancia de buscar la excelencia en todo lo que haga, sin importar cuán pequeño sea el trabajo. Siempre me enseñaron a dar la milla extra y a no conformarme, y creo que ese principio ha sido clave en mi desarrollo profesional. 

Otro aprendizaje ha sido la proactividad. No se trata de esperar instrucciones, sino de adelantarse, investigar y aportar siempre más de lo que se espera. También he aprendido que saber escuchar es una habilidad invaluable. Al salir de la universidad, uno cree que lo sabe todo, pero en el mundo laboral te das cuenta de que hasta la persona más humilde puede enseñarte muchísimo. Escuchar a las personas correctas, reconocer que siempre hay algo nuevo por aprender y valorar el trabajo en equipo. 

Además, he comprendido la importancia de delegar, pero hacerlo con criterio. No se trata solo de repartir tareas, sino de identificar las fortalezas de cada persona y asignarles responsabilidades en las que puedan destacarse y desarrollarse. 

Y otra decisión que ha marcado mi trayectoria es el compromiso con el aprendizaje continuo. Nunca dejar de estudiar, investigar y leer. Con el tiempo, uno se da cuenta de que mientras más aprende, más consciente es de lo mucho que le falta por conocer. Mantener ese espíritu de aprendizaje constante es, sin duda, una de las mejores decisiones que se pueden tomar. 

¿Quiénes han sido sus mayores influencias y apoyo a lo largo de su carrera?

Mis padres, desde pequeña, me inculcaron la importancia del estudio, la preparación y el esfuerzo. Ambos eran médicos —mi padre, quien ya falleció, y mi madre— y a través de su ejemplo entendí que el trabajo es una forma de servir a las personas. 

En el caso de mi mamá tuvo un impacto aún más profundo en mi camino. Fui madre joven, y ella siempre me motivó a seguir adelante, a formarme profesionalmente y a encontrar un balance entre mi vida personal y laboral. Gracias a su apoyo, aprendí que es posible desarrollarme como profesional sin dejar de lado mi rol como madre, esposa y amiga. 

A nivel laboral, una persona que le tengo que dar un gran mérito en mi crecimiento ha sido Andrea Gutiérrez, mi jefa y Gerente de Calidad. Siempre confió en mí, me dio oportunidades para demostrar mis capacidades y nunca me puso límites. Su apoyo ha sido fundamental para que pudiera seguir formándome, asumir nuevos retos y crecer profesionalmente.

¿Qué barrera o estereotipo ha sido el más difícil de romper en su profesión? 

La industria molinera ha sido históricamente un ambiente dominado por hombres, y Molinos de Costa Rica no era la excepción. Cuando ingresé, tuve la fortuna de contar con el apoyo de Andrea, quien fue la primera en romper ese hielo. Ella abrió camino en una planta con más de 100 hombres, incorporando a una joven de 24 años para asumir el reto de establecer orden y hacer las cosas diferentes. 

Lograr que me escucharan, especialmente al tomar decisiones y proponer nuevas formas de trabajo, fue todo un proceso. Lo más difícil fue transformar la cultura de una organización con décadas de operar de la misma manera. Muchas veces me encontraba con la resistencia del “siempre lo hemos hecho así”. 

Además, no solo se trataba de cambiar procesos en una empresa tradicionalmente masculina, sino también de trabajar con personas que llevaban muchos años en la compañía. Fue un reto lidiar con la experiencia, la edad y la mentalidad establecida, pero con el tiempo, el cambio se logró… y se continúa haciendo.

¿Podría contarnos más sobre cómo logró superar estos retos? 

Para mí, algo fundamental es siempre actuar con rectitud, haciendo lo correcto y buscando siempre las mejores soluciones, pero con una base sólida y explicaciones claras. Creo que el respeto no es algo que se regale solo por tener un puesto; uno debe ganárselo a través del trabajo y los resultados. Es así como he logrado superar muchos obstáculos: demostrando que no se trata solo del cargo que ocupas, sino de lo que aportas y logras con tu esfuerzo. 

Además, he aprendido que el respeto no se impone, sino que se construye. En lugar de ser autoritaria y decir "así debe hacerse", prefiero escuchar a otros en el proceso: "¿Cómo podemos hacerlo?", "¿Qué opinas?". Esta forma de trabajar hace que las personas se sientan parte del cambio, parte de lo que estamos logrando. 

Y al buscar ese cambio, también es importante explicar el "por qué" detrás de los cambios. Cuando las personas entienden el propósito y la dirección, se sienten más comprometidas y pueden desarrollarse profesionalmente. Al final, como líder, mi objetivo es que los demás también crezcan y se formen.

Ahora, desde un enfoque más personal, para usted, ¿Qué significa ser una mujer líder hoy en día? 

Para mí, se trata de inspirar a los demás. Creo que el liderazgo es algo que se va construyendo a lo largo del tiempo, no solo por lo que uno dice, sino por lo que uno hace. Ser líder es motivar a las personas, ser un ejemplo para seguir y, sobre todo, ser un agente de cambio que acompaña y apoya a los demás. 

El liderazgo también implica pensar en las personas que te rodean. Nadie nos enseña a ser líderes o jefes, aprendemos sobre la marcha, pero debemos recordar que trabajamos con personas que sienten y que tienen sueños. Un buen líder debe ser empático, saber cómo se sienten y qué está pasando con las personas a su alrededor. 

Ser ejemplo es fundamental. No podemos esperar que los demás sigan nuestro camino si nosotros mismos no somos los primeros en dar el paso. Un líder debe ser inspirador e inclusivo, buscando siempre lo mejor no solo para sí mismo, sino para todos los que trabajan a su lado. Además, ser un líder significa apoyar a tu equipo, respaldarlos y no dejarlos solos ante los desafíos, sino estar ahí para guiarlos.

¿Cómo cree que su trabajo y liderazgo han impactado o inspirado a otras mujeres en su entorno?

— Particularmente, me siento muy afortunada de haber podido desarrollar profesionalmente a diferentes personas a lo largo de los años. Es algo muy gratificante cuando, con el paso del tiempo, incluso quienes ya no trabajan conmigo me escriben y me dicen: "Lo que usted hizo por mí, lo que me enseñó, lo que marcó mi vida profesional". Para mí, eso es lo más bonito, porque, aunque las personas busquen otros trabajos y sigan su camino, saber que pude dejar una huella positiva en su desarrollo es algo invaluable. 

No se trata de que sigan exactamente mi camino, pero sí de haber logrado inspirarlas, a marcar la diferencia dondequiera que vayan. Creo que, gracias a Dios, mi trabajo y mi forma de ser me han permitido hacerlo en la vida de otras personas.

Desde su rol como presidenta del comité técnico, ¿Cómo cree que la normalización puede ser una herramienta para impulsar el liderazgo femenino? 

Creo que la normalización es una herramienta poderosa, ya que nos permite participar tanto a nivel nacional como internacional, alzando la voz y poniendo el foco en temas de interés. Nos brinda la oportunidad de aportar a nivel técnico y formar parte de mesas de discusión, donde, aunque históricamente dominadas por hombres, podemos ser escuchadas en cuestiones relevantes y de gran trascendencia para los sectores a los que pertenecemos. 

A nivel personal y profesional, ha sido una experiencia muy gratificante, porque no solo se trata del trabajo diario, sino también de llevar nuestro conocimiento más allá, dejando una huella a través de normas que no solo impactan a nuestro país, sino también al mundo entero. Sin duda, ha sido algo muy enriquecedor. 

En su experiencia dentro del comité, ¿Cómo ha visto la participación de las mujeres en espacios técnicos y qué cambios cree que aún son necesarios para fortalecer su representación?

En INTECO, creo que se hace un muy buen trabajo porque nunca he sentido que haya una diferencia en cuanto a participación en los espacios técnicos. En el comité, por ejemplo, nunca he notado que las decisiones se tomen basadas en si alguien es hombre o mujer, sino en las cualidades y méritos de cada persona. Esa ha sido mi experiencia, al menos en los comités en los que he participado. De igual manera, cuando he estado en reuniones internacionales, no he sentido que ser mujer haya sido un impedimento. 

Creo que lo más importante es que, aunque a veces los límites parecen externos, la verdadera barrera muchas veces somos nosotras mismas. A veces nos ponemos nuestras propias dudas o temores y no alzamos la mano para decir "sí, yo quiero", para aventurarnos y tomar un papel proactivo en el cambio. 

En INTECO, siento que hay un ambiente de igualdad, sin distinción, y no creo que haya nada que deba cambiar en ese sentido. Creo que está en cada una de nosotras, el buscar esas oportunidades, dejar de lado los miedos y levantar la mano. Porque, muchas veces, lo que falta es que alguien dé el primer paso, y la oportunidad está ahí, sin importar si es hombre o mujer.

Por último, si pudiera dejarle un mensaje a la próxima generación de mujeres líderes, ¿Qué les diría? 

Lo que les diría es lo mismo que le diría a mi hija: no se centren en nuestras debilidades, sino en potenciar sus fortalezas. Claro que hay que mejorar lo que no se nos da bien, pero muchas veces nos enfocamos demasiado en lo que no podemos hacer en lugar de aprovechar al máximo lo que sí dominamos.

Nunca dejen de aprender. El conocimiento hace la diferencia entre alguien que solo está presente y alguien que llega preparado. Además, siempre hay que buscar la excelencia en todo lo que uno hace, dar esa "milla extra", porque es eso lo que realmente nos distingue.

No esperemos a ocupar un cargo importante para empezar a hacer un cambio. Todos podemos ser líderes desde donde estamos, con lo que tenemos. El liderazgo no depende de un título o un puesto, sino de cómo influimos, de cómo marcamos la diferencia.

Por último, hagan lo que les apasione y rodéense de personas que impulsen su crecimiento. Hay que ir paso a paso, ganándonos las cosas poco a poco. No podemos llegar a la meta sin haber vivido el proceso y aprendido del esfuerzo que requiere.